jueves, 15 de agosto de 2013

Sensación de extrañeza

Es extraña la sensación de sentirse solo.
Es extraña la sensación de sentirse inconforme.
Es más extraña la sensación de desear y no poder.
¿Será que yo soy extraña?
¿Será que me extraña todo?
Me resulta curioso sentir y no sentir a la vez.
Me resulta curioso sentir ausencia a pesar de estar acompañada.
¿Será que no existe compañerismo?
Me parece rara esta sensación de exiliada en mí misma.
De presidiaria de mis propias ensoñaciones.
Me parecen raras las rarezas de la vida.
El afán de productividad y la negación y resistencia a la contemplación de cualquier insignificancia.
¿Insignificancia? Yo misma catalogo lo sublime como nimio…
¿Puedo dedicarme horas enteras a mirar las nubes?
¿Debo pedirle permiso a alguien?
¿Por qué esto puede resultar extravagante para algunos?
¿Quién delimita lo normal de lo anormal?
¿Quién nos metió en la cabeza que lo fantástico es imposible o absurdo?
Considero extraño no tener respuestas para infinidad de preguntas,
no saber qué hacer con la gran mayoría de mis inquietudes,
no saber qué hacer con este trozo de vida
que oscila entre lo adorable y lo despreciable.
No saber si seguir los impulsos o contenerse.
Sí tener la claridad de detestar las dualidades,
las vacilaciones, los engaños, las contrariedades.
Detestar el no llegar a mi lugar de destino
porque no sé si está cerquita o está tan lejos
que será en vano caminar y caminar.
Tal vez arrastrarme…
Sí, tal vez esa sea la salida.





domingo, 28 de octubre de 2012

La decisión


Como una mancha de lapicera a la cual le cae
alcohol.
Como unas flores sobre la mesa que se empiezan
a llenar de mosquitos.
Como una zanahoria abandonada en la heladera
-arrugada y con blancos pelos-.
Como una pared sin empastar con los clavos a la
vista.
Como una cama sin hacer llena de ropa a los
pies.
Como un suicida buscando encontrarle un sentido a la
vida
deliberando sobre el ser o no ser
decidiendo si terminar o no terminar la estadía tortuosa
en esta casa embrujada. 


sábado, 4 de agosto de 2012

Vos el detergente y yo la Revolución Social


Ahora, este mes,
vas a la carga de nuevo
-estás cansada del mundo
que te rodea-
Y fregar las ollas se vuelve una rutina.
Comentás, mientras sacás grasa,
que te gustaría matar a unos cuantos.
Yo te digo que no es suficiente.
Vos me decís:
               "Traeme el detergente cuando subas".