Es extraña la sensación de sentirse solo.
Es extraña la sensación de sentirse inconforme.
Es más extraña la sensación de desear y no poder.
¿Será que yo soy extraña?
¿Será que me extraña todo?
Me resulta curioso sentir y no sentir a la vez.
Me resulta curioso sentir ausencia a pesar de estar
acompañada.
¿Será que no existe compañerismo?
Me parece rara esta sensación de exiliada en mí misma.
De presidiaria de mis propias ensoñaciones.
Me parecen raras las rarezas de la vida.
El afán de productividad y la negación y resistencia a la
contemplación de cualquier insignificancia.
¿Insignificancia? Yo misma catalogo lo sublime como nimio…
¿Puedo dedicarme horas enteras a mirar las nubes?
¿Debo pedirle permiso a alguien?
¿Por qué esto puede resultar extravagante para algunos?
¿Quién delimita lo normal de lo anormal?
¿Quién nos metió en la cabeza que lo fantástico es imposible
o absurdo?
Considero extraño no tener respuestas para infinidad de
preguntas,
no saber qué hacer con la gran mayoría de mis inquietudes,
no saber qué hacer con este trozo de vida
que oscila entre lo adorable y lo despreciable.
No saber si seguir los impulsos o contenerse.
Sí tener la claridad de detestar las dualidades,
las vacilaciones, los engaños, las contrariedades.
Detestar el no llegar a mi lugar de destino
porque no sé si está cerquita o está tan lejos
que será en vano caminar y caminar.
Tal vez arrastrarme…
Sí, tal vez esa sea la salida.


